Juego entrañable aquel de las muñecas, creo que mi Diciembre mas frustrado pudo haber sido aquel en el que faltó la muñeca con el mechoncito de pelo en la cabeza....
Tener en las manos una muñeca y mas aún de aquellas de trapo, significa tener parte de la historia entre los dedos, contienen materiales, costumbres y moda de determinadas épocas, son tradición. En Venezuela, tenemos una historia viviente que bien puede hablar de la esencia de las muñecas de trapo, ella vive en Portuguesa, y de modo incansable ha hecho muñecas, todas únicas, todas exclusivas, todas con alma de Sobeyda Jimenez a quien la llena una locura particular y prodigiosa.
Las de trapo, las hecha a pura mano tiene un encanto especial, es cosa aislada encontrarlas, enriquecidas con bordados y cariños, accesibles pero escasas, gestadas puntada a puntada, pedacitos de tela se les mete en el pecho, el corazón es de algodón, el cabello son bojoticos de recuerdos, hebras de dulzura, envueltas en vestidos de ilusión. Con manos y pies descubiertos las muñecas de trapo pueden acariciar y danzar libremente, por eso son la envidía de las muñecas industriales, nunca tocadas, nunca sentidas, nunca rellenas de amor.
Y de tanto recordar , en casa nació una de ellas que solo ansía ser vestida y desvestida, bañada y maquillada, peinada y acomodada para conservar la puntada de sonrisa que le cosieron en la cara…
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