20 enero 2007

Un encanto de cuento: Las dos Chelitas.

Chelita tiene un conejo; pero Chelita la de enfrente tiene un sapo. Además de su conejito, tiene Chelita una gata, dos perros, una perica y tres palomas blancas en una casita de madera pintada de verde. Pero no ha podido ponerse en un sapo, en un sapo como el de Chelita la de enfrente, y su dicha no es completa.

—Chelita —le dice— ¡te cambio tu sapo por la campana de plata con la cinta azul!

Pero no, Chelita la de enfrente no cambia su sapo por la campana de plata con la cinta azul… no lo cambia por nada, por nada del mundo. Está contenta de tenerlo, de que se hable de él —y ella, por supuesto—, y de que Pablo el jardinero diga, muy naturalmente, cuando viene a cortar la grama:

—Debajo de los capachos está durmiendo el sapo de la niña Chelita.

Cuando empieza a anochecer, sale el sapo de entre los capachos, o del húmedo rincón de los helechos; salta por entre la cerca y se va a pasear por la acera. Chelita lo ve, y tiembla de miedo, no lo vaya a estropear un automóvil, o lo muerda un perro, o lo arañe la gata de la otra Chelita. Tener un sapo propio es algo difícil, y que complica extraordinariamente la vida; no es lo mismo que tener un perro, un gato o un loro. Tampoco puede usted encerrarlo, porque ya entonces el sapo no se sentiría feliz, y esto querría decir que usted no lo ama.

Agazapada en su jardín, detrás de la empalizada, Chelita la de acá, mira, también, con angustia, mientras el sapo da saltos por la calle; y exclama profundamente asombrada:

—¡Que raro! No puede correr, ni volar… ¡Pobrecito el sapo!

Y se estremece cada vez que se acerca un automóvil, o si pasa un perro de regreso a su casa para la hora de la cena, o si brillan, de repente, unos ojos de gata entre las sombras. Al mismo tiempo, piensa, compara… Ella tiene tantos animales —además de su muñeca Gisela—, y nadie habla nunca de eso. En cambio, Chelita la de enfrente, no tiene más que un sapo, uno solo, y todo el mundo lo refiere, lo ríe y lo celebra. Esto no le gusta mucho a Chelita la de acá, que se siente disminuida a sus propios ojos.

—Chelita —dice—, ¡además de la campana con la cinta azul, te voy a dar otra cosa! ¡Mira! Las palomas están haciendo nido, llevan ramas secas a la casita; te doy también los pichones cuando nazcan… ¡No!, cuando ya estén grandes y coman solos…

—No —contesta sin vacilar Chelita la de allá—; no lo cambio por nada; es lo único que tengo. A papa no le gustan los animales —añade, dirigiendo una mirada al vasto y desierto jardín de su casa—, y el sapo, el no lo ve nunca; es lo único que puedo tener yo, y no lo cambio por nada. ¡Por nada!

—¿Y si te doy también a Gisela con todos sus vestidos, el rosado, el floreado, el de terciopelo? —insiste Chelita.

—Ya te he dicho que no —responde inflexible Chelita la de enfrente.

—¿Y si te doy también a Coco? —pregunta, estremeciéndose de su propia audacia, Chelita la de acá.

—Tampoco.

—¿Y si te doy también a Pelusa?

—Tampoco.

—¿Y al Rey? ¿Y a Ernestina? Y las palomas en su casita? —dice Chelita en un frenesí.

—¡Tampoco! ¡Tampoco!

—¡Tonta! —le dice Chelita la de acá—. ¿Crees tú que te voy a dar todo eso por un sapo?

—No me lo des, yo no te lo estoy pidiendo; ya te he dicho que por nada cambio mi sapo. ¡Aunque me des lo que sea!

Y así están las cosas. Si el sapo tuviera sapitos, Chelita la de enfrente, de seguro, le daría uno, o dos, o tres, a Chelita; pero ¿quién va a saberlo? La vida de los sapos es extraña, nadie sabe lo que hacen ni lo que no hacen. No son como las palomas, por ejemplo, que todo el mundo sabe cuando hacen un nido, y cuántos huevos ponen, y cómo dan de comer a sus hijitos, y lo que quieren, lo que hacen, lo que dicen. ¿Pero quién sabe nada de los sapos de su propio jardín? Apenas si alguna vez, de noche, después que ha llovido mucho o que han regado copiosamente las matas, se oye… pla… pla… pla… es el sapo… es el sapo que anda por ahí y eso es todo.

A comienzo de la estación lluviosa, el mismo día en que el cielo se nubló y cayeron gruesas gotas, una tarde gris, Chelita se nos fue, Chelita la de acá… Era una débil niña; la rodeábamos de tantos animales, porque la atraían profundamente; quizás, también, por eso mismo —sin darnos cuenta apenas—, por ver si lograban ellos retenerla… hacernos el milagro de atarla a las criaturas; a los juegos; a la luz; al aire y a sus nubes; a la hierba y su verdor… ¡A la vida!

Hoy fuimos nuevamente a visitarla en el pequeño jardín cuadrado en donde duerme. Oculto entre el helecho y los capachos, entre las coquetas, las cayenas y las begonias, que ya forman, todos juntos, un húmedo bosquecito enmarañado… oculto ahí, en la sombra y en la humedad, vimos un sapo…

Era Chelita —Chelita la de enfrente— que se lo había llevado a Chelita, y se lo había puesto allí.

…Y Chelita la de enfrente tiene ahora en su casa un conejito, una gata, dos perros, una perica y cinco o seis palomas blancas en una casita de madera pintada de verde. Y Chelita la de acá… Pero, ¿qué digo…? ¡la de mucho, mucho más allá…! Tiene ahora un misterioso amigo, entre el helecho y los capachos, en el húmedo bosquecito enmarañado en donde duerme… Un misterioso amigo que sale a andar y a croar cerca de ella, a la hora en que comienza a oscurecer… Un misterioso y raro amigo…


De Julio Garmendia.

Escritor veezolano, nacio en 1898 en El Tocuyo, Estado Lara, y murió en 1977 en Caracas. A los dos años de edad su familia se traslada a Barquisimeto, donde cursa sus estudios primarios y secundarios. En 1915 se traslada con su padre a Caracas (había quedado huérfano a muy temprana edad), y comienza una serie de colaboraciones y publicaciones literarias en medios como El Universal, El Heraldo, Actualidades, Billiken, Fantoches y Variedades hasta el año de 1923, época en que viaja a Europa, donde permanecerá diecisiete años. Regresa a Caracas en 1940, y se aloja en el viejo Hotel Cervantes, del centro de la ciudad. Desde allí mantiene una activa participación en la tertulia de la época y prolonga su estrecha relación con los escritores de la Generación del 28 y otros más jóvenes. En 1974 recibe el Premio Nacional de Literatura. Al momento de su muerte deja publicado sólo dos libros, y algunos manuscritos inéditos. Su obra fue reconocida como una de las más novedosas de latinoamérica para su época, y la originalidad y simplicidad de sus breves narraciones, que se destacan además por una descripción profunda de la vida cotidiana y las rápidas transformaciones del mundo moderno, hacen de él un clásico de la narrativa venezolana contemporánea.

Entre sus obras: La tienda de muñecas, La hoja que no había caído en su otoño, Opiniones para después de la muerte, Tres cuentos barquisimetanos, La ventana encantada.

"Las dos Chelitas" pertenece al volumen La Tuna de Oro, publicada por Monte Ávila Editores Latinoamericana en 1998. Datos tomados de "Editorial Panamericana".

23 comentarios:

Nostalgia dijo...

Excelente cuento.
Y gracias por tus buenos deseos en mi blog ♥

Nima dijo...

Consuelo, féliz año, es un cuento buenísimo, gracias por pasearte por mis orillas.



Saludos, amapuches y un féliz fin de semana

El rinconcito de milagros dijo...

Hya que bello cuento consuelo ese nunca lohabia leido es bellisimo espero que no te importe el que lo copiara para leerselo a mi ahijadito chiquito un beso de otra guara

RomRod dijo...

me encanta Julio Garmendia... saludos!

unfaithful32 dijo...

Hola amiga, vine por aca a devolverte la atencion que tuviste al tomarte el tiempo de leerme y comentarme. Pero tambien queria decirte que lo unico que me mantiene en pie de lucha, es la seguridad de saber que todo, absolutamente todo, pasa. Y esto no se refiere solo a lo malo sino tambien a lo bueno.
El dolor es nuestro indicador del momento de cambio y no podemos ignorarlo. Pero mucho animo, que luego del dolor siempre, de una u otra manera, viene un bello periodo de renovacion... Saludos y abrazos.

El Trimardito dijo...

Tú quieres que te diga algo, este cuento, fué uno de los cuentos que debí leer en la primaria cuando cursaba 5to grado, mi maestra era fascinada por los cuentos de este tipo, dónde se hablaba de niños, y nos lo mandó a leer, así como también, "Ana Isabel, una niña decente"
Muchas gracias por traerlo a tu espacio, para recordar el cuento de las dos Chelitas, excelente!!

Saludos!

Petrusco dijo...

Gracias por este regalo de relato de Garmendia.

Luego me contarás si conseguiste lo que querías en tu día de caprichos.

Feliz Semana

..y una abrazo!!!

Acerina dijo...

Na'guará!!!!

"Las Dos Chelitas" estaba en el libro de Castellano y Literatura de mi hermana, cuando ella estaba en 7mo y yo en 4to grado... y como yo amaba leer, en esas épocas me leía los míoas, los de ella y los de mi hermano... "Las Dos Chelitas", caramba!!! ¡Cuantos recuerdos!!!

Besos de café.-

Khabiria dijo...

Este cuento es tan tristemente dulce....lo lei hace aaaaños (bueno, no tantos jejje) y me encantó releer a Garmendia
Un abrazote
:)

nel dijo...

¿ Que culpa tiene la estaca si el sapo salta y se ensarta ? Si el sapo salta y se ensarta, la culpa no es de la estaca.

Veronika dijo...

Me dejó pensativa... ¡Ese Garmendia! Larense tenía que ser
;-)

Me gusta cuando me dejan así...

Un abrazo amiga

FrancoSilvio dijo...

El cuento, cualquiera, siempre es para leer de un solo tirón; y ya, sancionamos: ¡nos gusta!, el final es así, o asá.
Mi comentario tiene el propósito de relievar el mérito de colocar un cuento en un post, a sabiendas de que el hábito de lectura blogueril es de velocidad meteórica, lo que implica que el cuento tiene que ser ¡Impactante!

Y. "Las dos Chelitas", la maravillosa fantasía de Julio Garmendia, ¡Mágico! ¡Excelente!

La Gata que Ladra dijo...

Venía el corazón agüarapao... algo me decía bajito: - Gatica, sáltate este. Pero pensaba: - Saltármelo? Y perderme la maravilla de leer un cuento, que además, por haberlo publicado Consuelo, ya es garantía de que me gustará? No! Ni loca!

Pacataplán! Aquí estoy... El corazón que traía agüarapao, se me hizo agua. Y el agua se me salió por los ojos :(

Bonito, pero triste. Bonito, pero no era mi tiempo de leerlo. Lo leí en el momento equivocado. Hay temas que no debo tocar.

Gracias por traer algo tan hermoso y conmovedor. De esas cosas que nos alimentan el alma a los que vivimos de los suspiros.

Besos que ladran!

domingo dijo...

Consuelo, he vuelto por tus dominios y me consigo con esta hermosa lectura.

Gracias por compartirla con nosotros.

Caty dijo...

Bello el cuento. Mas! Yo adoooooooooro los cuentos! :) Un fuerte brazo! como esta la vida y la taguarita?

Mente,Cuerpo y Emociones dijo...

Na'guara de bueno, que rico sentir desde el exterior, la magia de la literatura Venezolana. Gracias Y bendiciones.

M@GOO dijo...

En el extinto asomaldito hicimos una version muy breve de este cuento, obviamente relacionada con bloggers.

Este cuento, "Guachirongo" y "Diles que no me maten" estan entre mis favoritos.

saludos

http://asomaldito.blogspot.com/2004/09/las-dos-chelitas.html

Anónimo dijo...

me encanta tu historia y le dije a mi maestra que nos la mandara a leer y toda la escuela leyo y tambien toda mi familia

Consuelo dijo...

Anonimo: Que maravilla¡¡
Yo tengo un amigo que me manda muchos cuentos buenos. Me da mucha felicidad que compartirlo motivara a que tus compañeros y tu familia leyeran un lindo cuento.
Gracias por dejarlo plasmado.

Anónimo dijo...

Hola Consuelo, estoy realizando mi trabajo de grado, en él inclyuyo información del cuento de las dos Chelitas sacado de este blog,´pero para citarte correctamente necesito poner tu apellido, podrías proporcionarme alguna dirección de correo donde te pueda escribir?Muchas Gracias.

Consuelo dijo...

Claro que si, que honor¡ Y asi me cuentas de que trata tu trabajo de grado que puede incluir un cuento tan hermoso como este.

Mi correo: consuelo1515@hotmail.com
Mi nombre Consuelo Vásquez Mariño
Saludos,

Anónimo dijo...

me pueden dar un resumen es que tengo un trabajo de este cuento y es un poco enredado ¡¡ no se si estoy en lo cierto pero al final ocurre un cambio de roles en las dos chelitas?????

Gilberto Moreno dijo...

Buen cuento, buen escritor.